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  nuestra Cruz del Sur  

historias de empresas b

Veomás

El apoyo de otras Empresas B y las conversaciones fueron clave

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Veomás es una empresa de mujeres que ofrece una plataforma de desarrollo humano. Siempre hemos sido un equipo pequeño, primero fuimos dos personas, luego tres y el año pasado llegamos a ser cinco. En mayo, todas tuvieron que salir, solo quedé yo. Se cerró la oficina y estuvimos muy cerca de la quiebra, pero a mediados de año, luego de muchas conversaciones, consejos y reflexiones, el destino de Veomás dio un vuelco.

 

2019 partió distinto, veníamos de un año en donde no tuvimos tiempo de levantar los proyectos necesarios. Podríamos haber terminado bien, pero el 18 de octubre, sepultó esa ilusión. No pudimos vender nada para 2020 y ya en marzo, el panorama empeoró. Llegó la pandemia a Chile, y lo que vino a continuación es conocido ya por todos. Al igual como ocurrió con cientos de empresas, un crédito llevó a otro crédito, y la esperanza que quedaba, se desvaneció. 

 

Ya no había de dónde sacar plata y estábamos todos aterrados y encerrados en las casas. En mi desesperación, pensé en quebrar, lo que me producía un dolor tremendo (...), mi empresa de 10 años. Pero si hay algo que he aprendido en la vida, es a dejarme asesorar y tener mentores espontáneos, muchos de ellos del mundo B, entonces me dediqué a conversar.  

 

Conté mi historia y lo que estaba pensando hacer, y una de las cosas en la que todos coincidieron, fue en no quebrar, porque no valía la pena. Entonces pensé en reducirme a la mínima expresión y fue lo que hice. Veomás siguió en pie. Nuestros 10 años de experiencia y de currículum, son activos muy importantes, que no podíamos perder. Comenzamos alivianándonos en términos estructurales. Hubo que pagar indemnizaciones, dejar Casa Karün, la oficina donde estábamos instaladas. Ellos nos apoyaron especialmente, considerando que teníamos un contrato de arriendo aún vigente. Mis principales apoyos fueron empresarios y empresarias B, me dieron su mirada, y eso fue muy valioso para mí. 

 

Gracias a un préstamo personal que conseguí, pude pagar las deudas, pero estaba sola y tocaba levantar cabeza. Hubo cambios importantes y el renacimiento de Veomás se comenzó a dibujar desde una mirada que quería ampliarse. Decidí ofrecerle a una de las personas que había tenido que salir de Veomás, que se asociara conmigo. Nunca había tenido una socia, y con ello cambiaba totalmente la forma en que yo me relacionaba con la empresa y con este proyecto. 

 

También me dediqué a escuchar a otros. Buscando espacios de encuentro, contención y reconexión, me contacté con distintas comunidades B. Quise saber cómo estaban nuestros clientes, apoyarlos, contarles nuestra historia, lo que estábamos viviendo y también saber cómo estaban llevando la pandemia, cómo les estaba afectando y si había algo en lo que Veomás pudiera ayudar. Tuve conversaciones súper potentes y eso también me reconectó con mi propósito, se dio una sinergia que agradezco.

 

Y en junio ocurrió algo impensado, nos adjudicamos un proyecto de ONU Mujeres, al cual habíamos postulado en enero. Se trata de un programa de empoderamiento económico para mujeres en situación de vulnerabilidad, mujeres migrantes y/o de pueblos originarios. Esto nos permitió armar un equipo de 13 personas, todas a honorarios. Cambiamos nuestro modelo de operación, aligeramos la carga de costo fijo y nos quedamos todas trabajando en nuestras casas. Somos todas mujeres, y trabajamos desde distintas comunas de Chile. Esto se dio gracias a la buena experiencia que tuvimos con la virtualidad. En otro momento hubiese sido impensado. La consultora siempre ha priorizado el trabajo con mujeres y el dar oportunidades a mujeres que producto de la maternidad y la crianza sacrificaron sus carreras profesionales, por lo tanto, en muchos casos no tienen experiencia laboral.  

 

Nuestro propósito, “contribuir y acompañar a personas y a comunidades para que desplieguen su máximo potencial”, se ha reafirmado con la pandemia, pero quisiéramos ir acercándonos cada vez más a la equidad de género, queremos reenfocar nuestro aporte al mundo, porque sentimos que hay un espacio que no está cubierto y en el cual podríamos ser un aporte. 

 

Como principal aprendizaje, destacaría que no estamos solos y todo ese tiempo que uno invierte en redes y en contribuir a que ocurran cosas que van más allá de mi propio beneficio en el contexto de crisis, cobra mucho valor. Más allá de la pandemia, del tremendo dolor que ha causado, para Veomás ha sido un tremendo año, un año para agradecer, con todo lo difícil que ha sido, solo podemos agradecer.

Valentina Orrego,  fundadora de Veomás.

¡Viva la interdependencia!

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