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  nuestra Cruz del Sur  

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Hemos puesto el foco en conocernos y conectarnos entre nosotros

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LD es una constructora que quiere aportar al desarrollo de Chile y sus personas, a través de la felicidad y desarrollo integral de quienes trabajan y se relacionan con nosotros.

 

Nosotros somos una empresa que tiene muchas particularidades, somos Empresa B hace muchos años y además tenemos presencia en Santiago y en Coyhaique. Comenzamos armando grupos de WhatsApp para saber cómo estaban las obras.  Rápidamente empezamos a coquetear con el teletrabajo. Entregamos computadores a quienes no tenían y les pedimos que se quedaran en casa. Tenían mejor conectividad y mayor tranquilidad. 

 

En promedio. históricamente, administramos 700 personas al mes. Por cada persona contratada por la constructora, hay una persona subcontratada. A fines de 2019 éramos 1.300 personas aproximadamente y hoy día somos 450. Hemos sufrido una montaña rusa de alzas y bajas de contratos, pero así es la construcción, es un acordeón  que se agranda y se achica. El grupo más estable es de 250 - 300 personas.

 

Este año hemos estado trabajando en una estrategia muy innovadora. El mayor foco está puesto en cómo mejorar la comunicación entre todos, conectarnos y conocernos, porque como trabajamos por obra, todos separados, al final es muy fácil que haya un trabajador de una obra que solo conozca a su cuadrilla y al administrador, y eso termina siendo  la empresa para él. Nos movemos por un propósito y nuestro por qué es porque queremos aportar al desarrollo de Chile y sus personas y para eso hemos armado una tonelada de iniciativas. Estamos trabajando en una encuesta de satisfacción respecto de los beneficios que entregamos a nuestros colaboradores. Queremos saber si les gustan, si es lo que necesitan, qué tipo de beneficio les gustaría recibir, etc.

 

A partir del 18 de octubre de 2019, surgió la necesidad de estar más conectados, de saber qué estaba pasando en nuestra empresa en ese contexto, tanto en Santiago como en Coyhaique. Estábamos seguros de que Chile era un tremendo país, y eso se puso en duda, entonces quisimos hacer el mismo ejercicio. Nos propusimos conocer más de cerca a las personas con quienes trabajamos, para lo cual nos contactamos con Pedro Arellano, un arquitecto que se ha dedicado a la cultura del encuentro.

 

Comenzamos conformando equipos de personas con quienes nos reunimos los días viernes en la mañana, principalmente para conversar respecto de lo que estaba ocurriendo. Logramos ponernos en los zapatos del otro y darnos cuenta de que había muchas cosas que no sabíamos, uno cree que conoce a la persona con la que trabaja, pero de repente no te das el tiempo para llegar a ese nivel de conversación. Participaron los socios, administradores de obra, asistentes, mecánicos, otra gente de la oficina, de distintos cargos, hombres y mujeres, de preferencia que no se conocieran. 

 

Nos pusimos como objetivo que al menos todas las personas de la Constructora tuvieran la oportunidad de participar en dos de estos conversatorios. Alcanzamos a tener una experiencia en diciembre y otra en enero, y nos dimos cuenta que se daba algo muy positivo, pero todavía no sabíamos para dónde iba. Teníamos miedo de levantar temas de los cuales no podríamos hacernos cargo, temor de generar falsas expectativas, pero la verdad es que no tenía por qué salir algo malo de esto.

 

Estaba todo preparado para la segunda versión que realizaríamos en marzo, teníamos el programa, el listado de quiénes participarían y Fundación Paréntesis nos había prestado el lugar. Llegó la pandemia y se tuvo que suspender. Nos fuimos cada uno a su casa, y nunca más hablamos. A pesar de los esfuerzos que se hicieron, hubo que suspender muchos contratos de las obras paralizadas. Nos pasamos varias noches de largo formulando distintos escenarios con el fin de terminar los menos contratos posibles. 

 

Entonces nos preguntamos, cómo estaban nuestros colaboradores, y fue cuando nos reunimos los mismos facilitadores que habíamos convocado en enero y comenzamos una cadena de llamados. Tomamos el listado de la constructora, lo dividimos y cada uno llamó a 15 personas aproximadamente, con el fin de saber cómo estaban, nada más. Algunas conversaciones fueron de 40 minutos y otras de 5, pero los llamamos a todos. Hubo cierta reticencia e incomodidad, no sabíamos cómo se lo tomaría cada persona, e incluso en algunos casos no sabías si esa persona estaba suspendida, porque todo ocurrió muy rápido. Para nuestra sorpresa, el agradecimiento fue enorme, incluso de aquellos que habían sido finiquitados.

 

En junio, luego de tres rondas de llamadas, definimos que retomaríamos los conversatorios a través de videollamadas. Teníamos la metodología, pero no sabíamos si iba a resultar. Hubo muchos temores, sobre todo en relación a lograr lo que se daba de forma presencial, la conexión de internet, aquellas personas que no sabían utilizar la plataforma, las cámaras. Logramos que la gran mayoría participara, nos acercamos al equipo de Coyhaique, los temores desaparecieron, incluso aquellos colaboradores de más edad, que estaban más alejados de la tecnología, lograron sumarse con la ayuda de algún nieto. Ha sido una de las iniciativas más distintivas del periodo de pandemia. Desde diciembre fueron dos presenciales y 14 digitales. Participaron 424 personas. 

 

Sin duda la pandemia aceleró muchos procesos tecnológicos. Había muchos prejuicios, no todos tenían computador, tampoco email institucional, y eso cambió. Hemos hecho parte de la empresa a muchos trabajadores con quienes costaba establecer relación, y la tecnología nos ha permitido ir integrándolos y contactarlos mucho más rápido. Tenemos un gran desafío con la alfabetización digital para poder modernizarnos y ser más ágiles, necesitamos transversalizar los canales de comunicación para lograr llegar a todos los colaboradores. Otro gran cambio fue que dejamos atrás el pago con cheque firmado a mano, y todo lo que eso implicaba. Se masificó el uso de tranferencia electrónica, fue una manera más de cuidarnos.

 

En relación a la información que ha salido de los conversatorios, queremos ver cómo nos hacemos cargo de la parte emocional de nuestros trabajadores, ver la manera de acompañar a las personas con lo que están viviendo. Y cuando estás con un balance súper ajustado, es mucho más difícil. Ahí es realmente cuando nos la tenemos que jugar por nuestra gente. 

 

Nuestro propósito nos ha llevado a cuestionarnos el cómo lo estamos haciendo con nuestros colaboradores. No se pueden poner ladrillos por internet, pero cómo lo hacemos para entregar posibilidades, oportunidades y beneficios más transversales para todos. Y entonces es que hemos ido nivelando hacia arriba. Entendiendo los distintos contextos y realidades, buscamos mejorar la calidad de vida de todos los colaboradores. Nos estamos replanteando la calidad de nuestras instalaciones de faena, el ítem traslado de nuestros colaboradores, con el fin de maximizar el tiempo con sus familias en sus casas, y también mejorar el tema del trato.

 

Una de las iniciativas que sacamos adelante fue enviar más de 100 cajas de alimentos, muy artesanales, con fruta y verdura fresca, a quienes estaban finiquitados y que sabíamos que en algún momento necesitaríamos volver a contar con ellos, pero en ese momento no había trabajo para darles. 

 

Seguramente, el 2025 cuando miremos hacia  atrás y veamos todo lo que hicimos, no lo vamos a poder creer. Hoy no somos conscientes realmente de lo que estamos haciendo, ser papá, profesor y otros múltiples roles al mismo tiempo que hacemos nuestro trabajo. No tengo tan claro todo lo que hemos hecho, pero sí creo que hemos tratado de humanizar un montón la organización. Pusimos foco en entregar oportunidades de desarrollo y creo que hemos estado súper fuerte en eso. Estamos muy abiertos a escuchar ideas y preocupándonos de la comunidad. Hemos avanzado en el cumplimiento de nuestro propósito de aportar al desarrollo de Chile y de sus personas.

 

Hemos sabido leer el medio y el contexto donde nos desempeñamos más o menos bien y esto del coronavirus y el 18 de octubre solamente hizo que le pusiéramos énfasis a esa buena lectura. Nosotros somos Empresa B desde hace siete años y ya estábamos con estas preocupaciones, lo que ocurrió es que se aceleraron los procesos, faltaba ejecutar, y aquí  hay un gran mérito de todos los socios fundadores y los gerentes socios que han tenido la apertura y han tomado la decisión de invertir en las personas.

 

Somos una empresa absolutamente imperfecta, pero cada día estamos más empapados de esta cultura y de esta nueva forma de hacer las cosas, y sin duda la pandemia ha tenido un rol en esto.

Camila Parra, gerente de Finanzas y Esteban Bayor, gerente de sostenibilidad de LD.

¡Viva la interdependencia!

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