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  nuestra Cruz del Sur  

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Tenemos que hacer las cosas de una forma distinta

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Somos una empresa de impacto positivo. Acompañamos a nuestros clientes en el desarrollo de sus compromisos de compensación y mitigación ambiental, los exigidos por ley y los voluntarios, con soluciones integrales exitosas. Mediante estas acciones, aportamos a la regeneración socioambiental en los territorios con que nos vinculamos. Encarnamos un modelo de empresa comprometido con el bienestar común, la dignidad humana en todos los ámbitos, y la regeneración medioambiental de nuestro planeta.

 

Cultiva nace hace 20 años como una corporación sin fines de lucro con un foco en temas pedagógicos medioambientales con jóvenes. Al día de hoy, han pasado más de 30.000 voluntarios por los distintos programas socio ambientales que tenemos. Por lo general quienes los financian son empresas, a través de voluntariados corporativos, y es bajo ese modelo que seguimos funcionando. 

 

Hace 10 años, a raíz de una oportunidad en temas de reforestación de bosque nativo, nace Cultiva Empresa, la cual se desprende de la corporación. Dada la legislación y las normativas que tenemos acá en Chile, había un espacio de desarrollo para poder ofrecer este servicio en el ámbito de las compensaciones medioambientales. Cualquier proyecto vial o inmobiliario, que en su proceso tiene que cortar bosques, debe luego volver a plantar y hacerse cargo, ahí está nuestro servicio.

 

Tenemos una cartera importante de clientes y trabajamos con diversas instituciones. En esta línea de negocio, de planes de manejo forestal, trabajan cerca de 50 plantadores en terreno, con cuadrillas y capataces, y en la estructura central somos ocho personas. Existe mucha competencia, pero ha sido todo un desafío el seguir siendo competitivos en un mercado en donde el tema medioambiental y de conciencia social no son el foco. Podemos decir que hasta ahora lo hemos logrado, generamos utilidades y, además, contamos con un capital social y medioambiental que nos interesa cuidar, pero sin duda este año ha sido complejo.

 

La época de plantación comienza en invierno, y en verano viene la época de mantención, que es fundamental, para que el árbol sobreviva y continúe su desarrollo. Dado que nuestro trabajo entra en la categoría del rubro silvícola, se nos permitió seguir operando, aún en cuarentena; de lo contrario, no sé qué hubiésemos hecho, no se puede cambiar la época de plantación. Por protocolos internos de resguardo y de cuidado, no pudimos operar con la totalidad de la capacidad productiva, pero sí pudimos seguir adelante con los proyectos, mantenernos y no dejar que los árboles se murieran.

 

Una de las medidas que tomamos desde un principio fue que las personas del grupo de riesgo se quedaran en sus casas y el equipo administrativo siguió con teletrabajo. Quienes podían manejar camionetas se quedaron a cargo de la mantención y el riego, con no más de 3 personas por camioneta pensando que en el momento del traslado podrían darse los mayores contagios. Nos preocupamos de que nadie anduviera en locomoción colectiva.

 

En junio iniciamos el proceso de plantación y logramos ir abordando los proyectos que teníamos que plantar este año. Estuvimos un par de semanas en cuarentena porque tuvimos un caso de contagio, pero luego retomamos sin mayor problema. El impacto más fuerte fue la baja de un proyecto grande, que para nosotros significó un golpe duro porque era un volumen importante, entonces nos acogimos a la Ley de Protección del Empleo y hubo un período de rebaja general en un 20% de los sueldos. De todos modos, generamos algunos apoyos directos a los colaboradores que más lo necesitaban, para que no se vieran tan perjudicados. Eso nos permitió sortear la caída de ese proyecto tan relevante y poder sostener este año en números justos, sin tener  que despedir a nadie.

 

En este contexto de incertidumbre y de todo lo que ha significado la crisis a raíz de la pandemia, ampliamos nuestra mirada hacia otras líneas de negocio. Considerando nuestra capacidad logística y operativa, comenzamos a revisar licitaciones públicas para la mantención de áreas verdes de municipios. Postulamos y ganamos un proyecto de mantención de áreas verdes  de la comuna de Recoleta, lo que es un tremendo desafío, porque se trata de una labor completamente distinta. Acabamos de comenzar la operación, lo que significó la incorporación de cerca de 80 nuevas personas. Además de la oportunidad laboral, se trata de sueldos sobre el mínimo, pues la ganamos asignando los sueldos más altos. Esto significa apretarse el cinturón, pero estamos asegurando mejores ingresos para las personas.

 

Actualmente, existe un riesgo importante de que, con el argumento de reactivar la economía, se bajen las barreras medioambientales para los proyectos de desarrollo en general, entonces siempre ha sido un objetivo lograr ampliar nuestro mercado y las líneas de negocio. Además, consideramos que las compensaciones medioambientales están al debe, se necesita mucho más de lo que se exige, por lo tanto se hace más relevante aún generar otras ofertas de valor.

 

En términos de propósito, hay un una oportunidad enorme, porque estamos frente a un rubro en donde el perfil del trabajador es un perfil no calificado, con muy poca formación o nula, muy castigado, donde el sueldo es el mínimo y las condiciones laborales son súper precarias. Por lo tanto resulta interesante la transformación que se puede impulsar dentro del rubro y generar cambios estructurales en el modelo que existe.

 

En esto estamos recién comenzando, pero ya vemos la tremenda necesidad que hay y las oportunidades que podemos entregar junto a la Corporación en relación a la capacitación y formación de las personas, al trabajo comunitario que se puede desarrollar con los vecinos, buscando fondos y otros recursos para generar impactos territoriales. Quisiéramos transformar el modelo de mantención de áreas verdes hacia uno mucho más sustentable. Que nos permita ocupar la tierra para producir alimento a través de huertos urbanos comunitarios, y no solamente para regar pasto, por ejemplo. 

 

Este año de crisis nos ha dejado distintos niveles de aprendizajes. Personal, laboral, familiar, social. La pandemia nos ha hecho poner el pie en el freno, replantearnos cómo compatibilizar el trabajo con la familia. Volvimos a nuestras casas, a almorzar con nuestros hijos, a compartir mucho más. Y vimos que podíamos seguir operando de forma productiva, pero sin perder ese valor.

 

Nuestro propósito se ha resignificado más que nunca y nos hace ponernos en un contexto nuevo, ser infinitamente más flexibles e ir mucho más allá. No da lo mismo cómo hacemos las cosas, tenemos que enfrentar el futuro de una manera distinta, entonces el propósito se ve fortalecido y nos da muchísimo más impulso para buscar el camino desde lo que sabemos hacer, logrando ser un mayor aporte.


Victoria Gazmuri, gerente general Cultiva Empresa

¡Viva la interdependencia!

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